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2. Nessa
Cuando bajó
las escaleras de la nave iba envuelta en sedas blancas y azules,
superpuestas en sentido helicoidal alrededor de su silueta y
recogidas con un broche sobre uno de sus hombros. Sobre su fina capa
de gasa plateada iba bordado el emblema de la Casa En e iba escoltada
por sus padres, hermanos y damas de compañía. El digno
séquito de una prometida noble como era. Jor-el les dio la
bienvenida a su casa. Kal-el aguardaba junto a su madre. La chica era
en verdad extraordinaria en belleza y eso sin duda ayudaba a su
carrera diplomática. No la recordaba tan guapa. Tenía
los ojos azules y el cabello blanco y liso, recogido con cintas y
joyas y luego cayendo suelto por su espalda. Tenía mucha
presencia, era muy educada, sin duda las extensivas entrevistas que
Lara, la madre de Kal-el había tenido con ella, la habían
convencido de que era la adecuada para su hijo. Había
insistido mucho para que Jor-el arreglase el matrimonio con su Casa y
no con ninguna otra.
Durante la cena Kal-el permaneció
observándola en silencio. Ella, según las reglas de
cortesía y discreción, apartaba la mirada.
- Me
gusta la idea de que Nessa lleve la tiara nupcial de nuestra familia,
todas las mujeres de esta Casa la han llevado desde hace mucho tiempo
– comentaba Lara
- Estoy de acuerdo. Recuerdo tu boda
con Jor-el, qué preciosidad. Todo fue perfecto –
respondió la madre de Nessa
- Seguro que con esa
diadema, será la novia más guapa de este planeta, ¿no
crees Kal-el?...
Todos los rostros se volvieron hacia él
-
¿Kaal-eel?.. – insistió su madre
- ¿Eh?
Sí…
- ¿Por qué no llevas a Nessa a
visitar la ciudad? Hace ya muchos años que no viene por aquí.
Seguro que te apetece volver a ver los jardines colgantes, ¿verdad,
niña?
- Sí señora - respondió
ella con timidez
Kal-el agarró las dos capas, le puso a
ella la de gasa plateada sobre sus hombros y le ofreció su
brazo
La noble Nessa era una muchacha de apariencia frágil
y delicada, caminaba muy despacio y apenas hablaba. Mientras paseaban
por las instalaciones de los jardines colgantes de Krypton, Kal-el se
preguntaba si esa era realmente su naturaleza o en realidad tanta
discreción se debía a la falta de confianza y a la
distancia impuesta por el protocolo. Para hablar cuarenta y dos
lenguas, lo cierto es que parecía poco dispuesta al diálogo
-
Recuerdo que una vez estuvimos aquí cuando éramos
pequeños. Antes tenían animales, ¿no? –
dijo él intentando sacar conversación
- Creo que
sí
- Me gustaba aquél tan extraño de
Thanagarian, era como una especie de dragón, ¿verdad?
Pero con escamas metálicas. Recuerdo que tenía mucho
genio, aunque se lo veía un poco solitario
- Sí...
Daba mucho miedo...
- Y... Bueno, cuéntame algo de tu
estancia en Kandor... Habrás conocido a gentes de muy
distintas razas durante estos años de escuela diplomática...
– le dijo ofreciéndole asiento en los bancos
acristalados
- Sí... Lo cierto es que sí. Pero
la mayoría de las otras culturas podrían considerarse
bastante atrasadas al lado de la nuestra. Echo mucho de menos Krypton
cuando estoy fuera, así que hace tiempo que pedí
ejercer la diplomacia desde aquí
- Quizás no
sean atrasadas... Sólo diferentes... ¿No?
-
¿Diferentes? Bueno, si hubieran avanzado en otras direcciones
serían diferentes pero si no han avanzado nada en absoluto es
que simplemente son atrasadas...
- Ya… ¿Y los
humanos?, ¿has estado en la Tierra alguna vez?
- Los
humanos son tan primitivos que la mera conciencia de que existen
culturas alienígenas desestabilizaría sus sociedades.
Cuando visitamos la Tierra lo hacemos de incógnito. No quiero
ir allí, me parece un lugar peligroso
- Pues a mí
me gustaría ir... Me pregunto cómo será la vida
en otros lugares...
Nessa se quedó mirando las exóticas
flores que tenía al alcance de la mano y que crecían en
los invernaderos escalonados de la ciudad
- Cuando tengamos
nuestra propia casa podríamos plantar estas flores blancas.
Son preciosas, ¿no crees?
Mientras caminaban
silenciosamente por el puente junto al río helado, Kal-el se
preguntaba si sus conversaciones siempre serían así,
tan distantes y frías como aquellas riberas. Quizás con
el tiempo el matrimonio abriría las vías para que
conectaran o quizás, quizás siempre sería ese
acuerdo silencioso, ese compromiso que hay que cumplir y nunca
llegarían a comprenderse el uno al otro
- Nessa, ¿tú
crees que con el tiempo nos irá bien?
- Claro. Es
normal estar algo nervioso pero seremos muy felices. Estoy segura
-
Yo... No lo sé
Nessa se volvió hacia él
-
¿Es que no te gusto? La gente me suele considerar
hermosa...
- Eres preciosa, eres la chica más guapa que
he conocido... O más bien diría que no he conocido
porque el problema es precisamente ese... Que no nos conocemos... Lo
suficiente
- Pero nos conoceremos... ¿No te basta con
saber que yo haría cualquier cosa por ti... Que con mi
juramento me comprometeré con tu Casa y dedicaré mi
vida a hacerla más digna y más grande? Seré una
esposa fácil para ti, viviremos en la zona de la ciudad que tú
prefieras... Dejaré mi carrera de diplomática si tú
quieres...
- Pero, ¿qué quieres tú?, ¿qué
te gusta a ti?, ¿qué pasa con tu vida de Kandor? Tienes
un puesto importante, ¿vas a tirarlo todo por la borda?
-
No voy a tirar nada... No te entiendo Kal-el. Sólo me importa
que de aquí a un año voy a ser tu esposa. Ése es
mi único deber y mi único deseo
Nessa tomó
la mano de su prometido y la llevó a sus labios. Kal-el la
miró un momento y se acercó para besarla. Cuando el
beso se hizo más intenso, ella intentó apartarse
-
No deberíamos besarnos así en público, aún
queda mucho para nuestra boda...
Él la rodeo por la
cintura y la estrechó contra su cuerpo pero ella retrocedió
y bajó la mirada con vergüenza. Kal-el sintió el
acceso de hacer una pregunta que sabía equivocada pero se
rebeló ante la idea de callarse:
- Nessa, ¿no
has pensado alguna vez en cómo será el amor... Físico?,
¿el amor biológico? Como el de nuestros
antepasados...
Nessa le miró desconcertada y se dio la
vuelta para evitarle, agarrando la barandilla del puente
-
Claro que no. Será una brutalidad. ¿Por qué
piensas en esas cosas?
- Bueno, era sólo una
pregunta...
- Pues nunca lo he pensado. Y preferiría
que no volvieras a sacar ese tema. Es... Una costumbre bárbara
y... Vejatoria para las mujeres y... Peligrosa y...
-
Tranquila, era sólo una pregunta... Sólo una
pregunta
Le acarició los hombros por encima de la capa
pero ella se apartó y siguió caminando por delante de
él
Por la noche salió a tomar algo. Kon le
esperaba junto a la barra, mientras ligaba con una camarera
-
¿Qué tal te ha ido la reunión familiar?
Kal
negó con la cabeza
- ¿Qué ha pasado?
-
Bueno, ella y yo... Estamos en mundos diferentes. No conectamos mucho
que digamos.
- Eso se arregla con el tiempo. Unas cuantas
sesiones de relaciones extrasensoriales y estaréis más
unidos que nunca
- Me temo que no debí sacar el tema
del sexo, a estas alturas estará ya en Kandor y no querrá
volver a verme...
- Espera... Espera un momento, para el
carro. ¿Que le has dicho a Nessa qué? ¿Le has
propuesto relaciones... Como las terrestres... Antes de vuestra boda?
Tú estás loco
- No le propuse nada. Sólo
le pregunté que si se había preguntado cómo
sería... Como curiosidad científica...
- Pero en
qué estabas pensando... Ninguna mujer kryptoniana haría
semejante cosa... ¡Ni lo pensaría, por amor del cielo!
¿Sabes? En la segunda luna, donde los barrios bajos, hay
mujeres alienígenas que se ofrecen para ese tipo de cosas, ya
me entiendes
- Mira Kon, no quiero esa doble vida y esa doble
moral que llevan tantos altos cargos de nuestras ciudades. Mi padre
no me guió de esa manera. Y lo del sexo es sólo un
detalle que salió en el calor del momento pero es el menor de
los problemas entre Nessa y yo. Parece mentira que se dedique a la
comunicación, si no desea conocer nada, no quiere experimentar
ni vivir nada fuera de su pequeño mundo. Es agobiante. Y luego
dice que haría cualquier cosa por mí pero en realidad
tiene muy claro lo que quiere y cómo conseguirlo. No hará
un mínimo esfuerzo por comprender lo que a mí me
interesa. Además, su personalidad está anulada por esa
carga de “buena esposa” y “buena madre” que
le han inculcado. Yo preferiría tener a mi lado una compañera,
alguien en quien pudiera confiar, alguien que no me juzgara si le
hago el más mínimo comentario. Sabía
perfectamente lo que iba a pasar cuando le dijera lo que le dije pero
me resistía a callarme sólo por no escandalizarla,
quería ponerla a prueba a ver cómo reaccionaba. Sus
márgenes mentales son los de una caja de cerillas...
-
Me parece que esperas demasiado de las mujeres, amigo mío.
Quieres que sea independiente, con mentalidad abierta, aventurera,
con personalidad e ideas propias... Eso no existe en este planeta, me
temo
- Pues tendré que ir a buscarlo allá donde
exista
Llegó cansado a su apartamento a las cuatro de
la mañana y se deshizo de la capa y la parte de arriba del
traje. Lo colgó todo en el respaldo de la silla, encima de un
buen montón de ropa, cómo se notaba que Kélex
aún estaba en el taller. Una sombra le alertó de que
había alguien más en la habitación. Aparentó
no darse cuenta hasta que consiguió hacerse con la espada
láser.
- ¡Quédate donde estás!
La
luz azulada iluminaba la cara adolescente y asustada de Nessa
Nor-en
- ¡Nessa! Por el gran Rao, ¿qué
estás haciendo aquí? – Encendió la luz de
la mesilla - ¿Cómo has entrado?
- Tu portera me
abrió. Ella lee las noticias de sociedad y sabe que estamos
prometidos... No vas a ofrecerme nada...
- Sí, claro.
Discúlpame. Es que simplemente me has sorprendido...
Cogió
el montón de ropa y lo metió en el armario
desordenadamente, dejando la silla libre para ella.
- ¿Qué
quieres tomar?
- No sé. Dame algo... Fuerte
-
¿Fuerte como de Nivel 5?
- Fuerte como de Nivel 8...
-
Fiu... Bueno, esto es de importación – dijo sacándolo
del armario – Es lo más fuerte que tengo, aunque no sé
si deberías...
Nessa tomó la copa y bebió
un trago. Se la notaba muy nerviosa. Kal-el se sentó en la
cama frente a ella
- ¿Qué... Qué te pasa?
- Escucha, yo... – Nessa hablaba muy despacio,
escogiendo las palabras – Sé que tienes dudas sobre
nuestro matrimonio... Sé que esperas mucho de la mujer con la
que estés. Y yo no quiero decepcionarte. Quiero ser suficiente
para ti. Yo haría cualquier cosa con tal de que me
quisieras...
Mientras decía esto se puso en pie y soltó
los broches de la túnica, que se escurrió por encima de
su cuerpo hasta caer a sus pies, dejándola desnuda. Pero no
podía mirarle a los ojos. Él se arrodilló y
recogió el vestido de seda, cubriéndola de nuevo hasta
arriba, sujetándolo sobre su piel para que no se le cayera
-
Nessa, yo no... Esto no era...
- No me lo hagas más
difícil, por favor, – la chica, hablaba entre lágrimas
– sé que esto es lo que querías, no soy tonta.
Cuanto antes se acabe, mejor
- Yo no querría nada que
tú no quisieras. Nunca. Nunca te obligaría a hacer nada
que te hiciera sentir tan mal...
- El caso es que no puedo
hacer nada para acabar con tus dudas y convencerte de que nadie
podría hacerte más feliz, ¿verdad?
La
chica rompió a llorar y él la abrazó contra su
pecho
- Nessa....
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