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3. Tierra
Hacía
ya tres días que se había licenciado como oficial y se
había arrodillado ante Zod, general del ejército de
Krypton, en una muestra de su compromiso hacia el pueblo. Una
ceremonia corta y simple con la que clausuraba su formación en
la Academia y que le respaldaba en el puesto de capitán que,
como futuro líder del Consejo, se le había designado
dentro del organismo militar. También se le había
concedido un puesto honorífico en el propio Consejo, sin
derecho a voto, hasta que llegara el momento de suceder a su padre en
el cargo. Debía dar el paso antes de que su destino acabara
precipitándose completamente
- Madre, estoy decidido.
Creo que eso es lo que tengo que hacer
Lara permanecía
en silencio, con las manos apoyadas sobre la mesa, las innumerables
pulseras de sus brazos apiladas en sus muñecas
- Lo
cierto es que si no lo hago ahora me arrepentiré siempre.
Necesito saber
- Hijo mío, Kal-el... Aún te
queda un año, el tiempo cambia muchas cosas. Quizás
cuando llegue el momento tu responsabilidad no te sea tan pesada
-
El tiempo no cambiará lo que siento. Sólo hará
que las decisiones que no tomé se vuelvan en mi contra... Y en
contra de aquellos que me rodeen. Madre, conocer la Tierra es lo
único que quiero y tengo que hacerlo ahora. Dentro de un año
estaré aquí y cumpliré con todos los deberes que
la Casa, el Consejo y el pueblo exijan de mí...
-
Escucha... Tu padre... En su juventud – negó con la
cabeza, como si se enfrentara de nuevo al mismo caso perdido –
era exactamente igual que tú. Impetuoso, inconformista,
desobediente de las leyes y las responsabilidades. Y estaba fascinado
con los seres humanos al igual que en tu caso. Tú has crecido
rodeado de los libros y los objetos que alimentaban su obsesión
pero muchas veces pienso que estaba en tu propia sangre, que hubieses
llegado al mismo camino aunque te hubieras criado en otro lugar,
lejos de nosotros. Hay algo en los genes de la Casa El que os une
profundamente a ese pueblo. Tu padre les tiene una gran fe. El caso
es que él ya estuvo allí en su juventud. No sé
lo que vio ni lo que conoció pero volvió siendo
diferente, preparado para muchas cosas. Creo que tú debes
tener la misma oportunidad
Lara abrió el último
cajón de uno de los muebles que tenía en la sala y sacó
unas ropas que Kal-el hasta entonces sólo había visto
en imágenes grabadas: cazadora, camisa y vaqueros... Las ropas
que Jor-el había utilizado en su viaje, hacía años.
-
Sólo espero que hayas hablado de esto con tu prometida puesto
que se trata de una Casa importante y un acuerdo prematrimonial es un
asunto grave. Espero que seas lo suficientemente adulto para darte
cuenta de ello.
- Lo he hablado con Nessa y entiende que me
vaya
- Está bien. Espero que sepas lo que haces. Las
mujeres de la Tierra son muy diferentes a las de aquí y
créeme, tu pueblo no aceptaría que uno de sus líderes
acabara escogiendo como compañera a una alienígena.
Tenlo muy presente.
Al día siguiente, ya vestido con
las ropas para su viaje, recibió los últimos consejos
por parte de su padre, Jor-el. Habían acordado que Kon-lar le
acompañaría.
- Escucha, hijo mío, el
plazo será de un año terrestre. Ni un solo día
más. Volverás a una semana de tu juramento y este será
todo el tiempo de que dispongas.
- Sí, padre
-
Segundo... Parecerás humano pero debes recordar en todo
momento que no lo eres. La diferencia de su estrella amarilla con
respecto a nuestra gigante roja te dará poderes que ellos ni
siquiera sueñan con poseer. No debes utilizar esta ventaja,
nadie debe darse cuenta de que estás allí. Te está
prohibido inmiscuirte en la historia de los hombres
- Así
será
- Y por último te diré que si llegas
a conocer a Hiram Kent, le des saludos de mi parte, si aún
vive. Le debo personalmente mucho a esa familia. Suerte para
ambos
Abrazó a su hijo y estrechó la mano de
Kon-lar antes de entregarle una bolsa de diamantes, el único
bien con valor económico que se encontraba presente en ambos
mundos, y verles luego desaparecer por el portal que les llevaría
hasta las cuevas de los indios Kawatche en Smallville.
Nada
más llegar, lo que más sorprendió a Kal-el fue
el ruido ensordecedor. Le retumbaba en los oídos
- ¿Qué
demonios es eso? – gritó Kon
- No lo sé...
Salió
a grandes pasos de la cueva y miró a su alrededor. No había
nada. Las cuevas y nada más. Logró identificar de dónde
venía el sonido y, enfocando la vista adivinó la forma
de unas carpas en la lejanía
- Es allí –
Kal-el utilizó la supervelocidad y en cinco segundos estaba al
pie de la entrada principal del recinto. Kon le siguió con una
ráfaga
- ¡¡Guau!! ¿¿Has visto
eso??, ¡es alucinante!
- Deben ser los poderes a los que
se refería mi padre. Espero que no nos haya visto nadie
Kon
empezó a hacer un agujero en el suelo con la visión
calorífica
- ¡Mira, mira! ¡He hecho un
agujero en el suelo!
- Maravilloso, Kon… – seguía
intentando localizar a alguien entre las carpas – Parece que no
hay nadie...
De pronto salió una chica de detrás
de una carpa, llevaba una coleta y una mochila a la espalda
-
¡Bien, chicos! Llegáis como 7 horas antes del primer
concierto. Aquí todavía estamos con prueba de sonido
así que lo mejor es que os vayáis al pueblo a daros una
vuelta a menos...
- ¿A menos qué…? –
le respondió Kal-el
- A menos que estéis
buscando trabajo...
- ¡Ah! Bueno, sí, estamos
buscando trabajo – Kon le miró con incredulidad –
Quiero decir, yo estoy buscando trabajo...
- Mmm... Bien. Te
voy a decir la verdad. Estoy absolutamente desesperada. Ayer fue el
primer día de conciertos con lo que te puedes imaginar cómo
está todo y no se ha presentado ninguno de los voluntarios que
habían confirmado su presencia. Todo lo que puedo ofrecerte es
un abono para el festival, bocadillos y cincuenta dólares
diarios por las molestias ¿lo tomas o lo dejas?
Kal-el
miró a su amigo, que tenía el gesto torcido y decía
que no con la cabeza
- Lo tomo
- Loco por la música,
¿eh? Bien, me llamo Lois Lane, yo soy quien está al
cargo... Pero tengo jefe así que cuanto antes empieces,
mejor
Tomó a Kal-el por el brazo y lo arrastró
hacia las carpas. Él miró a Kon y se encongió de
hombros mientras que su amigo tenía cara de no poder
creérselo
- ¡Iré al pueblo a ver si
encuentro un banco y puedo cambiar! – le gritó desde
lejos
- ¿Tenéis que cambiar dinero?, ¿sois
extranjeros? – preguntó Lois
- Sí, un
poco
- Ya te notaba un acento raro. Sois europeos, ¿verdad?
-
Somos de... – Kal intentó recordar alguna de las
películas terrícolas que había visto –
Somos de... Somos de Escocia. Somos Mac... – intentó
acordarse de alguno de los apellidos aquellos de los clanes pero no
le venía ninguno a la mente. Recogió del suelo una
publicidad de comida rápida que, muy oportunamente, le
proporcionó varias ideas – MacPollo. Somos los primos
MacPollo
- ¿Qué? – Lois no se podía
creer lo que estaba oyendo. No pudo evitar reírse
-
MacNuggets, perdona que me he equivocado…
- Es muy
bueno. Muy bueno... De verdad...
- ¿MacFish?
Lois
no conseguía parar de reír
- ¿Estás
bien? – siguió él
- ¡Sí! –
se limpió las lágrimas de las carcajadas –
Perdona. Seguramente a ti ya no te hace gracia porque lo habrás
contado mil veces. Bueno y ¿cómo te llamas...
Realmente?
Kal-el pasó la vista por encima de
los carteles del festival. Esta vez tenía que decir algo con
sentido, asegurarse de que era un nombre serio. “Interpretado
por...”
- ¿No tienes nombre? Te llamaremos
Smallville, entonces. Un nombre genérico.
Siguió
buscando con la mirada: “Acompañado por...David
Clark”
- Me llamo Clark. Clark Kent
- Encantada.
Yo me llamo...
- Lois Lane
- Ah, que te lo había
dicho ya. Es verdad...
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