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OLVIDAR EL PASADO
Llego
a casa.
Miro por la ventanilla del avión y no distingo
más que pequeñas luces que me hacen creer que es mi
ciudad. Todo parece claro cuando te lo explican, cuando crees que
decides, cuando alguien te cuenta que lo que haces está bien.
Pero en el momento que te quedas sola, estás tú y tus
decisiones. Y no es que me arrepienta de las tomadas. Trabajar en la
moda siempre ha sido uno de mis sueños, no en vano estudié
arte en París. Viajar de un lado para el otro fue lo que
quise, desde aquel momento en el que comencé a darme cuenta
que ya no me gustaba el color rosa. Olvidar el pasado en el
momento que la universidad se cruzó en mi camino, y no volver
a pensar en él, fue una de las decisiones más duras que
tomé. Pero nunca me arrepentí de ello. A veces, y
sólo a veces, recuerdo la sensación de ese primer gran
amor. El primer gran beso, la primera vez que pasamos la noche
juntos. No es que quiera olvidarlo, pero preferiría que no
viniera cada cinco minutos a mi mente. Sé que no es fácil
dejar todo atrás, pero yo me lo propuse y lo conseguí.
Exceptuando ese pequeño gran recuerdo.
El primer gran
amor. Sonrío mientras de nuevo giro mi cara hacia la parte
delantera del aparato. Sólo un par de personas de pie, una
azafata y alguien que necesita ir al baño.
Lentamente
levanto mi mano y la miro. Miro un anillo que significa la vida para
mí. La que decidí tomar olvidado ese pasado. La que
está llena de confianza y amor pleno. Una vida que busqué
y sin querer se posó delante de mis narices.
Aun
recuerdo cuando dije el “Sí quiero”. Y recordé
mi primer beso con mi primer gran amor. Aun recuerdo cuando me
puso ese anillo y me sonrió al hacerlo. Como recordé la
noche que pasé con mi primer amor. Aun recuerdo cuando
bailamos como matrimonio. Como recordé aquel baile en el que
me encontré con mi primer gran amor.
Devuelvo mi
mirada hacia la parte delantera, escucho las indicaciones del
sobrecargo. Vamos a aterrizar. Coloco el separador en el libro que
leía, lo hizo él, mi pequeño niño. Mi
hijo. No me arrepiento de haber olvidado el pasado.
Sé
que al llegar a tierra y a pesar de la hora, allí estarán
los dos, sonriendo y esperando después de dos semanas sin
verme. Les echo de menos, les quiero. No sabría que hacer si
no estuviera a su lado. Si el pasado no se hubiera quedado atrás.
Mi mente ha regresado a historias que no quería
recordar, a llantos desesperados, a momentos desoladores, a lágrimas
que llenaron mi alma de rencor. Gracias al cielo pude olvidar y
comenzar de cero. Y ahí es donde, desde hace unos años
estoy, en el punto de partida sin mirar atrás. Aunque he de
admitir que he andado mucho hacia delante.
No quiero mirar
atrás, no quiero volver a tener la necesidad de depender de
nadie. No quiero ser alguien que nunca quise ser. Ahora soy yo Lana
Lang. Lana con mayúsculas, esperando a poder bajar de avión
y abrazar a las dos personas que más quiero en el mundo. Sin
recordar el pasado.
El finger ya está colocado en la
puerta de salida. Todos se ponen de pié para marcharse, yo
espero. Me gusta dar tiempo a que todos se vayan y con poca presteza,
salir yo. Si alguien tiene prisa, no seré yo quien le quite el
paso. Agarro mi bolsa de mano, y me acerco a la cinta para ver
cuando sale mi maleta. He tenido suerte, es una de las primeras que
sacan. A veces es bueno embarcar la última. Suelen poner tu
equipaje al final….. Me coloco en el hombro la bolsa,
agarro del asa la otra y comienzo a caminar. Dos semanas han sido
demasiado tiempo. Y cuando las puertas de salida hacia la sala de
espera de abren, allí están los dos. Sonriendo,
esperándome, yo les sonrío a su vez y el pequeño
sale corriendo a mi encuentro. Le abrazo, le beso, lloro por lo mucho
que le he echado de menos. Pero cuando levanto la cabeza le veo a él,
y me sonríe complaciente, sonríe enamorado, sonríe
como siempre. Se acerca a mí, a nosotros, por que no he
soltado a nuestro hijo, me abraza y antes de besarme me dice que me
ha echado mucho de menos. Lo sé, sé que sin mi la vida
es diferente. Yo siento lo mismo por él. Y me besa, me besa
como siempre, pero a la vez como nunca antes lo había sentido.
Me abraza y me besa diciéndome que me quiere.
Yo
recuerdo el primer beso con mi gran amor. Lo peor de todo es que no
sé por qué…
En casa acostamos al pequeño.
Le dejo durmiendo rendido. Me meto en la ducha y al salir él
está allí, mirándome a través de sus
gafas, contemplando mi reflejo en el espejo. Dejo de peinarme el pelo
mojado, me quedo parada devolviéndole la mirada mientras una
sonrisa se cruza en mi cara. Se acerca lentamente a mí. Me
agarra de las caderas, me da la vuelta y me pone frente a él.
Acerco mis manos a su cara y le quito las gafas. Esas que ocultan sus
ojos. Me mira con deseo, el deseo de muchos días sin poder
tocar mi piel. El deseo de no poder compartir nuestros alientos. Me
besa con hambre, con una fuerza poco retenida. Cuando nuestros
alientos se tranquilizan, y su nariz queda pegada a la mía me
dice: -Te he echado de menos –no paramos de mirarnos
y mi sonrisa se acentúa-. Hoy te veo especialmente feliz.
¿Tanto te alegras de volver a verme? Vuelvo a sonreír,
pero esta vez suena una feliz carcajada: –No es sólo por
eso, sino porque me alegro de haber olvidado el pasado Clark
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